El fin de la salida familiar

HOY 08:23:06 | 429 LECTURAS | GENERALES

Ir al teatro y cenar afuera ya consume un salario mínimo entero.

Por Francisco Nutti.

Buenos Aires, 7 noviembre (NA) — Una salida nocturna para una familia de cuatro personas por la avenida Corrientes de la Ciudad de Buenos Aires puede costar hasta $398.000, un monto que iguala al Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) vigente a noviembre de 2026. Frente a este nivel de gastos, el clásico paseo familiar de los fines de semana por la emblemática arteria porteña dejó de ser un hábito masivo para transformarse en un consumo planificado al detalle.

Un relevamiento de tarifas realizado por la Agencia Noticias Argentinas (NA) en locales gastronómicos, teatros y heladerías confirmó el impacto que tiene el costo del esparcimiento, las obras teatrales y la gastronomía en el presupuesto de un grupo familiar de clase media.

“Liquidar” el sueldo mínimo con una salida familiar es más fácil de lo que parece
Para llegar al lugar, quienes optan por la red de subtes se topan con el impacto de la reciente actualización tarifaria de noviembre, que elevó el pasaje general registrado a $1.887 por tramo, por lo que trasladar ida y vuelta a una familia de cuatro integrantes demanda hoy $15.096.

Por su parte, la opción de viajar en auto particular y dejarlo a resguardo durante una estadía nocturna de cuatro horas en las cocheras de la zona promedia un costo de $30.000.

El colectivo se consolida como la alternativa un poco más barata para amortiguar el traslado. Realizar el mismo recorrido de ida y vuelta para cuatro personas en líneas urbanas demanda un total de $9.159,36, si se estima un boleto medio de $1.144,92 por tramo, siempre con la condición de poseer las tarjetas SUBE registradas.

En el ámbito del entretenimiento, asistir a una obra en la cartelera comercial de la avenida Corrientes representa un costo base de $200.000 para un grupo familiar tipo, una cifra que ya contempla el uso de promociones. En salas de referencia como el Teatro Metropolitan o el Multiteatro, el valor regular de las localidades individuales oscila entre los $40.000 y los $70.000.

Al bajar el telón, el apetito empuja a los pasillos gastronómicos, donde la cena tampoco ofrece tregua. Sentarse a compartir una mesa en un bodegón o un restaurante cercano y elegir un menú que incluye plato principal, bebida sin alcohol o cerveza, y empanada de entrada, ronda en los $35.000 por persona, lo que eleva la cuenta de la mesa familiar a unos $140.000.

Sin embargo, ese número puede disminuir a un total de $100.000 si lo que se consume son dos pizzas comunes con cuatro gaseosas pequeñas. En la tradicional Guerrín, una grande de muzzarella oscila en los $40.000, mientras que las bebidas rondan en los $4.500 por unidad.

Para cerrar el recorrido, el histórico broche de oro del helado artesanal tampoco escapa a la lógica inflacionaria. Comprar cuatro cucuruchos o un kilo para compartir en Cadore significa gastar $28.000 más. A este esquema se suman los consumos complementarios en la vía pública, donde un combo de pochoclos, garrapiñadas o manzanas acarameladas para los menores se necesita un desembolso adicional de $10.000 en los puestos comerciales.

Al consolidar la totalidad de los rubros evaluados, el presupuesto final de la jornada expone la magnitud de la brecha económica. Entre transporte, entradas teatrales con beneficio, cena, helado y golosinas, la salida de un grupo familiar de cuatro demanda unos $400.000.

Esta cifra absorbe la totalidad del ingreso mensual completo de un trabajador que percibe el Salario Mínimo, Vital y Móvil de $398.800, lo que transforma al tradicional esparcimiento en un consumo restrictivo para los sectores de ingresos medios.

“Con mi marido y mis hijas solíamos ir al cine o al teatro cada tanto, pero hoy preferimos hacer otros planes porque no nos da el bolsillo. A ese gustito lo reemplazamos por acostarnos temprano los sábados y disfrutar la mañana de los domingos con mates, juegos y plaza”, sostuvo a esta agencia Lucía, de 37 años y vecina del barrio porteño de Boedo.

La pizza, una opción económica

Desde la Asociación Pizzería y Casas de Empanadas (APYCE), señalaron a NA que “la combinación de teatro y pizza es un clásico de la ciudad, pero también implica un costo mayor en un contexto donde el poder adquisitivo está muy ajustado y el consumo se ha retraído”.

“Sin embargo, la pizza sigue siendo una de las alternativas gastronómicas más accesibles para compartir en familia o con amigos y no creemos que su precio sea el factor determinante a la hora de decidir una salida. Hoy el verdadero desafío es la pérdida del poder de compra de la gente”, añadió.

El desfasaje estructural dibuja una nueva fisonomía en el espacio público de la Ciudad de Buenos Aires, donde las salas de teatro y los restaurantes ven cómo sus mesas se reorganizan con público de mayor poder adquisitivo o turistas, mientras el asalariado local reasigna su tiempo libre a pasarlo en casa.

Así, la postal de la avenida Corrientes iluminada por cientos de luces de neón se contempla cada vez más desde la vereda de la ajenidad y confirma que la crisis económica no solo recortó la capacidad de compra de alimentos y servicios básicos, sino que también clausuró el espacio más íntimo de la vida familiar, el derecho a compartir una alegría fuera del hogar.