Amígdalas y adenoides en niños: cuándo preocuparse

HOY 12:16:08 | 339 LECTURAS | GENERALES

Una especialista explicó las señales de alerta y cuándo operar.

Buenos Aires, 23 octubre (NA) -- Las amígdalas y las adenoides son tejido linfático que funciona como una aduana: atrapa virus y bacterias que entran por la boca y la nariz, y fabrica anticuerpos. Las amígdalas se ven al abrir la boca; las adenoides, que muchos todavía llaman “vegetaciones”, están escondidas detrás del paladar.

Así lo indicó en un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas Ana Cofré (M.N. 117.124/M.P.R.N. 8.815), médica especialista en Otorrinolaringología y directora del Centro Patagónico de Otorrinolaringología, a la vez que añadió: “Alcanzan su mayor tamaño entre los 2 y los 6 años”.

Facundo, quien hoy tiene 9 años, durante mucho tiempo pareció abonado al pediatra, ya que padecía una angina, después otra, gripes encadenadas y hasta alguna neumonía, mientras que, a veces, por las noches, el cuadro se completaba con ronquidos, despertares y una respiración que costaba. Detrás de ese combo, con frecuencia, hay amígdalas y adenoides agrandadas.

“Que las amígdalas estén grandes no siempre es un problema: en muchos chicos es parte del desarrollo. Se agrandan de más con las infecciones, las alergias, ciertos irritantes y, posiblemente, el reflujo. Y el jardín, con su intercambio de mocos, suma lo suyo”, expresó la médica.

¿Qué señales deberían encender la alarma en casa?
La mayoría de los agrandamientos pasa sin síntomas, pero se recomienda consultar si aparece alguna de estas pistas:

  • Ronquidos con pausas en la respiración mientras duerme.
  • Respiración por la boca como costumbre.
  • Voz “tapada”, como de resfrío eterno.
  • Otitis a repetición o líquido en el oído, que puede afectar la audición.
  • Sinusitis frecuentes, mal aliento, sangrados de nariz o tos.
  • Poco apetito o dificultad para aumentar de peso.

Cofré señaló que la apnea de sueño preocupa porque el niño “deja de respirar unos segundos, baja el oxígeno en sangre y se despierta muchas veces sin que nadie lo note” y añadió: “Al otro día está cansado, irritable, con dificultad para rendir. En casos raros puede comprometer al corazón y a los pulmones. Para confirmarla, además de revisar la garganta y observar las adenoides con un tubo flexible por la nariz, podemos indicar un estudio del sueño”.

"En la casa de Facundo, la palabra “cirugía” daba miedo. La familia estiró la decisión cerca de un año y probó tratamientos de todo tipo para esquivar el quirófano, pero las amígdalas y las adenoides seguían creciendo y, cuando llegaron a la consulta, el agrandamiento ya era importante", dijo.

Al hablar de cuándo se indica la cirugía, señaló: “Primero tratamos la causa: corticoides en aerosol nasal o antihistamínicos si hay alergia, antibióticos si la infección es bacteriana. Si eso no alcanza, evaluamos sacarlas”. Para las anginas, la guía internacional de referencia toma estos umbrales:

  • Siete o más en el último año.
  • Cinco o más por año durante dos años.
  • Tres o más por año durante tres años.

“También pesan la apnea y las molestias marcadas al hablar o respirar. Y conviene aclarar algo: la operación no hace que el chico tenga menos resfríos ni menos tos. Resuelve otros problemas”, aseveró.

¿Cómo es la intervención y qué pasa después?

Acerca de la operación, Cofré dijo que suele ser ambulatoria, ya que, el niño entra a la mañana y vuelve a casa en el día. “La programamos al menos dos semanas después de cualquier infección”, indicó y añadió: “Con las adenoides, la recuperación lleva dos o tres días; con las amígdalas, el dolor al tragar puede durar hasta dos semanas. El sangrado es poco frecuente, pero si aparece en las primeras 24 horas o alrededor del séptimo día, hay que ir a la guardia sin dudar”.

“Así fue para Facundo: entró a la mañana, volvió a casa a la tardecita y se recuperó en los plazos previstos. Los cambios no tardaron en aparecer”, dijo la especialista. En tanto, Analía Tolosa, la mamá del niño dijo: “Dejó de roncar, de despertar seguido, respiraba mucho mejor y podía ingerir sus alimentos sin tener náuseas”.

Con el susto ya superado, Tolosa deja un consejo para las familias que hoy están en la misma encrucijada: que no esperen. Cofré coincide y suma un matiz: con un buen diagnóstico, la decisión se toma con calma y no a ciegas.