Iguana de cobre: una especie única que revela nuevos secretos de nuestras sierras

AYER 20:06:41 | 546 LECTURAS | LOCALES

El guardaparque Aníbal Areco brindó detalles de su investigación en diálogo con CELTTV.

El guardaparque Aníbal Areco, responsable de las tareas de investigación y difusión del Monumento Natural Iguana de Cobre, presentó nuevos resultados de un trabajo científico que permitió identificar a sus principales depredadores y ampliar el conocimiento sobre el hábitat de esta especie endémica del distrito de Tornquist. Con cámaras trampa y años de trabajo de campo, la investigación también aporta información valiosa sobre otras especies que habitan las cumbres serranas y refuerza la importancia de conservar el ambiente natural.

Una especie que nos identifica

Hay riquezas naturales que muchas veces pasan inadvertidas, incluso para quienes conviven con ellas. En las sierras de Tornquist, la iguana de cobre representa mucho más que un integrante singular de la fauna autóctona: es una especie endémica, cuya presencia conocida se limita a determinados sectores de estas serranías, convirtiéndola en un símbolo del patrimonio natural de la región.

Para Aníbal Areco, guardaparque y uno de los principales impulsores de su investigación y difusión, el creciente interés que despierta la especie constituye una satisfacción y, al mismo tiempo, una oportunidad para seguir generando conciencia sobre la necesidad de protegerla.

“Qué mejor que algo que es autóctono nuestro, y que uno trabaja para preservar, sea quien invite al turista a llegar hasta aquí y conocer todas las virtudes que tiene esta región”, destacó durante una entrevista en la que repasó los avances de los estudios que se vienen desarrollando.

El desafío no consiste únicamente en preservar las poblaciones de iguana de cobre, sino también en lograr que la comunidad y quienes visitan la Comarca Serrana conozcan su existencia, comprendan su importancia y se conviertan en aliados de su conservación.

Cámaras trampa para descubrir quiénes son sus depredadores

Uno de los interrogantes que durante años acompañó a los investigadores fue determinar qué animales se alimentan de la iguana de cobre. A pesar de las numerosas jornadas de observación en las alturas, identificar a sus depredadores no resultaba sencillo.

La respuesta llegó a través de una herramienta cada vez más utilizada en los estudios de fauna silvestre: las cámaras trampa, dispositivos capaces de registrar movimientos y cambios de temperatura durante las 24 horas del día.

El trabajo se desarrolló durante dos temporadas de primavera-verano, período en el que la iguana se encuentra activa. En una primera etapa, los equipos se instalaron en las poblaciones ubicadas a mayor altura y, posteriormente, en sectores más bajos.

Para atraer a los posibles depredadores, Areco elaboró señuelos de silicona con la forma de ejemplares adultos machos, hembras y juveniles. La disposición de las cámaras permitió observar qué animales se acercaban y establecer si existían diferencias en los ataques según el tamaño o el sexo de la iguana representada.

Los resultados aportaron información novedosa y permitieron confirmar la depredación por parte de tres especies: el hurón, el zorro y el gaucho serrano.

Uno de los registros más llamativos fue el del hurón, que atacó un señuelo en un sector ubicado a más de mil metros de altura, un dato que sorprendió al investigador por tratarse de un animal difícil de observar en ese ambiente.

Aunque la cámara no permitió identificar con claridad el momento del ataque, el hallazgo del señuelo a unos 15 metros del dispositivo y la marca dejada por la mordida aportaron pistas decisivas. A partir de la comparación con cráneos de distintos carnívoros, realizada con la colaboración de especialistas, Areco pudo atribuir el ataque al hurón.

En otras dos oportunidades, los registros mostraron al zorro llevándose los señuelos.

Pero hubo una tercera especie que aportó un dato particularmente interesante: el gaucho serrano, un ave que habita las alturas y que fue registrado con un ejemplar juvenil de iguana de cobre en el pico.

La observación permitió corroborar que esta ave también puede depredar a los individuos jóvenes, considerados una de las etapas más vulnerables del ciclo de vida de la especie.

Un laboratorio natural a cielo abierto

La investigación no solo permitió avanzar en el conocimiento de los depredadores. Las cámaras trampa también se transformaron en una ventana hacia la diversidad de la fauna serrana.

Durante las campañas aparecieron registros de numerosas especies, entre ellas aves rapaces, zorros, zorrinos, gatos monteses, pumas, mulitas y distintos roedores y marsupiales. También se documentaron aves que despertaron el interés de los investigadores por su presencia en sectores elevados.

Entre esos hallazgos se destacó la dormilona canela, una especie que, según explicó Areco, no contaba hasta entonces con registros conocidos en las sierras ni citas para la provincia de Buenos Aires. El equipo remitió información para contribuir a la documentación de esta observación.

Incluso los comportamientos territoriales de la propia iguana quedaron registrados. Durante la época reproductiva, algunos machos atacaron los señuelos al interpretarlos como posibles rivales que ingresaban en su territorio.

Cada imagen, cada huella y cada comportamiento observado amplían el conocimiento de un ambiente que todavía guarda numerosas particularidades por descubrir.

Sin embargo, el trabajo también tiene sus exigencias. Las cámaras deben revisarse periódicamente, cambiarse las baterías y renovarse las tarjetas de memoria. Una tarea que implica volver a subir a los cerros y recorrer terrenos de difícil acceso para mantener los equipos en funcionamiento.

La conservación comienza por conocer el ambiente

El trabajo de Areco no se limita a identificar depredadores. En el ámbito científico también se vienen desarrollando estudios sobre los ambientes que utiliza la iguana de cobre y las amenazas que pueden afectar a sus poblaciones.

Uno de los aspectos analizados es la invasión de pinos y la necesidad de determinar qué sectores requieren atención prioritaria para evitar que estas especies exóticas avancen sobre los lugares donde vive la iguana.

Otra línea de investigación busca comprender las características del microhábitat que selecciona. Los registros permitieron ampliar el conocimiento sobre su distribución en altura: se encontraron poblaciones a poco más de 600 metros, por debajo de las cotas que inicialmente se consideraban habituales.

Las observaciones indican que la iguana utiliza principalmente sectores rocosos próximos a las cumbres, donde abundan las grietas que le permiten refugiarse de los depredadores y protegerse de las temperaturas extremas.

Las laderas occidentales y noroccidentales también aparecen entre los ambientes frecuentados. La presencia de pastizales resulta importante para su alimentación, que incluye insectos como cascarudos y saltamontes, además de pequeños caracoles.

En ese contexto, Areco remarcó que la conservación de la iguana depende necesariamente de la preservación integral de su entorno.

La investigación incluso condujo al descubrimiento de una importante población de Mostailla, otra planta endémica de la región. En un campo privado se identificaron más de 400 individuos y se impulsaron medidas de protección para evitar que el ganado y los caballos los consumieran.

Son hallazgos que demuestran cómo el estudio de una especie puede abrir nuevas puertas para conocer y proteger otras formas de vida que comparten el mismo territorio.

La ciencia también necesita llegar a la comunidad

Los resultados de estas investigaciones fueron presentados en encuentros científicos vinculados con el estudio de reptiles y anfibios. Areco, magíster en Manejo de Vida Silvestre, participó de esas instancias junto con otros especialistas y colaboradores que contribuyen al desarrollo de diferentes líneas de trabajo.

Pero hay otro aspecto que considera fundamental: compartir el conocimiento con la comunidad.

Las charlas educativas, las actividades de divulgación y las iniciativas destinadas a darle mayor visibilidad a la iguana de cobre forman parte de una tarea que busca trascender los ámbitos académicos.

En ese camino, el mural dedicado a la especie en Tornquist se convirtió en un recurso para acercar su imagen a vecinos y visitantes. La obra, realizada por Manu Abarzua de manera gratuita y con el acompañamiento municipal para disponer del espacio, permitió concretar un proyecto que llevaba años pendiente.

A esa iniciativa se suma el desarrollo de una iguana animada que, según se anticipó durante la entrevista, buscará ofrecer información y asesoramiento a turistas y residentes.

Son distintas formas de acercar una especie singular a la vida cotidiana, para que su nombre deje de ser desconocido y su conservación se transforme en una responsabilidad compartida.

Una invitación a descubrir y proteger lo nuestro

La historia de la iguana de cobre muestra que todavía queda mucho por aprender sobre las sierras de Tornquist. Detrás de cada campaña de investigación aparecen nuevas preguntas, registros inesperados y oportunidades para comprender mejor el delicado equilibrio de la naturaleza.

Para Areco, comunicar esos avances es tan importante como obtenerlos. De poco serviría acumular información si ese conocimiento quedara reservado a un pequeño grupo de investigadores.

“Está bueno que salga para la comunidad y que la gente sepa qué se está haciendo y qué cosas están pasando con la iguana de cobre”, expresó al cierre de la entrevista.

En una región que encuentra en sus paisajes uno de sus principales atractivos turísticos, la iguana de cobre representa también una invitación a mirar más allá de las postales serranas. Su presencia recuerda que el valor de estas tierras no reside solamente en sus vistas panorámicas, sino también en las especies únicas que dependen de ellas para sobrevivir.

Conocerlas es el primer paso para valorarlas. Protegerlas, el compromiso necesario para que las próximas generaciones también puedan descubrirlas en el lugar donde pertenecen: nuestras sierras.

CELTTV.