Retro: Sierra de la Ventana y la historia con la Fiesta de la Primavera

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Recorremos sus origenes y rescatamos imagenes de 1983.

Durante décadas, la llegada de la primavera tuvo en Sierra de la Ventana una dimensión que trascendió ampliamente los límites de la localidad. Miles de estudiantes y jóvenes provenientes de distintos puntos de la región elegían las sierras para celebrar el 21 de septiembre, generando durante varios días un movimiento extraordinario.

Trenes repletos, colectivos, caravanas de automóviles y hasta jóvenes viajando en las cajas de camiones formaron parte de una postal que se repitió durante años. Las carpas, los fogones, las guitarreadas, los picnics, las caminatas y los bailes completaban jornadas que comenzaban temprano y muchas veces terminaban recién con la salida del sol.

Para varias generaciones, hablar de la “Primavera en Sierra” era hablar de uno de los encuentros juveniles más importantes de la región.

El antecedente de 1968

Uno de los capítulos centrales de esta historia se escribió en septiembre de 1968, cuando Sierra de la Ventana fue escenario del Primer Festival del Estudiante y de la Primavera.

La convocatoria alcanzó una magnitud extraordinaria para aquellos años. Desde la jornada anterior comenzaron a arribar contingentes procedentes de Bahía Blanca, Tornquist, Pigüé, Coronel Suárez, Coronel Pringles, localidades de La Pampa y otros puntos de la región.

Automóviles, colectivos y diferentes vehículos fueron ocupando Sierra de la Ventana y Villa Arcadia, mientras un arco especialmente instalado daba la bienvenida a quienes llegaban para participar de los festejos.

Entre las actividades se realizó el desfile de carrozas con las postulantes a Reina de los Estudiantes. Las fotografías periodísticas conservadas de aquella celebración permiten dimensionar la convocatoria: las calles aparecen completamente colmadas y en una de las imágenes puede observarse un antiguo automóvil avanzando entre la multitud con una de las aspirantes a reina.

Las crónicas gráficas de la época hablaban de “miles de jóvenes” que se habían volcado hacia las sierras para celebrar la primavera.

También se realizó un festival folklórico junto al Sauce Grande, incorporando al paisaje serrano como escenario natural de la celebración.

Laura Beatriz Larrea, primera soberana

Entre las participantes de aquella histórica edición fue elegida Laura Beatriz Larrea, por entonces alumna de cuarto año del Colegio Nacional de Bahía Blanca.

Un recorte periodístico de la época(LNP) conserva su fotografía bajo el título “Soberana Electa” y registra su consagración como soberana estudiantil en Sierra de la Ventana.

Su elección quedó incorporada a la historia de una celebración que comenzaba a convertir a la localidad en uno de los principales puntos de encuentro de la juventud regional.

El tren, una de las grandes postales

La llegada del ferrocarril fue durante años una de las imágenes características de cada primavera.

Los trenes arribaban cargados de estudiantes que descendían en la estación con bolsos, mochilas y guitarras. Algunos permanecían solamente durante la jornada y otros llegaban preparados para pasar todo el fin de semana.

A ellos se sumaban quienes viajaban en colectivos, las extensas caravanas de automóviles particulares y, en tiempos muy diferentes a los actuales, los jóvenes que incluso realizaban el viaje en las cajas de los camiones.

Desde las primeras horas del día cambiaba completamente la fisonomía de Sierra. La estación, las calles, los espacios verdes y las márgenes del Sauce Grande comenzaban a poblarse hasta mostrar una localidad muy diferente a la de cualquier otro fin de semana.

Carpas, fogones y guitarreadas

No eran necesarios grandes escenarios para que comenzara la fiesta.

Una guitarra podía reunir espontáneamente a decenas de jóvenes. Las guitarreadas aparecían en distintos puntos de Sierra, se compartían comidas y bebidas y se formaban grupos entre personas que muchas veces acababan de conocerse.

Las carpas eran otra presencia habitual. Muchos visitantes llegaban preparados para permanecer varios días y armaban sus campamentos, mientras que al caer la tarde comenzaban los fogones.

Juventud, música y naturaleza conformaban buena parte de aquella particular postal serrana.

El Puente Negro y el Cerro del Amor

Dentro de ese movimiento existían lugares que se convirtieron prácticamente en una visita obligada.

El Puente Negro era uno de ellos y por allí transitaban cientos de jóvenes durante sus caminatas.

Otro sitio emblemático era el Cerro del Amor. Subir hasta allí se convirtió casi en una tradición para muchos de los estudiantes que llegaban a Sierra. Desde lo alto podían observar una localidad completamente ocupada por visitantes.

El propio nombre del cerro alimentó además innumerables historias y romances. Algunos habrán durado apenas aquel fin de semana; otros continuaron durante años y posiblemente algunos terminaron formando familias.

Casuhati y las noches de Sierra

Con la llegada de la noche, Casuhati se transformaba en uno de los lugares de referencia.

La recordada confitería bailable fue durante años un punto de encuentro de la vida nocturna de Sierra de la Ventana y por allí pasaron generaciones enteras.

Con el tiempo, los disc jockeys fueron ganando protagonismo y hacían sonar los éxitos de cada momento, combinando rock nacional y música internacional.

Antes de la consolidación de los DJ, las orquestas como Los Rebeldes y conjuntos musicales ocupaban un lugar fundamental por otro lado en el predio ubicado por ese entonces entre las piletas municipales y el cuartel de bomberos.

Era además una época sin teléfonos celulares ni redes sociales y con muchas menos fotografías que en la actualidad. Por eso, buena parte de aquella historia permanece principalmente en la memoria de quienes fueron protagonistas.

Sozzani, el globero y los recuerdos de cada época

La historia de aquellas primaveras también está construida por pequeños detalles.

Uno de ellos es Sozzani, nombre que muchos visitantes relacionan inmediatamente con los alfajores y chocolates regionales. Después de caminar, subir al cerro, recorrer Sierra o pasar varias horas junto al río, aquellos productos también formaban parte del paseo.

Con el paso de los años aparecieron además personajes y elementos que quedaron asociados a diferentes etapas de la fiesta, entre ellos el recordado globero y los “copos de nieve” que acompañaron algunas noches y espectáculos.

Cada generación conserva imágenes diferentes porque, en definitiva, no existió una única Primavera de Sierra: cada década tuvo la suya.

Hoteles, confiterías y una localidad a pleno

La enorme convocatoria también tenía impacto directo sobre la actividad comercial y turística.

Hoteles, confiterías, restaurantes y comercios trabajaban intensamente durante esos días. Entre los establecimientos que permanecen en los recuerdos aparecen la confitería de Vito, el Hotel Atero y el histórico Hotel Provincial.

Precisamente, otro de los acontecimientos recordados ocurrió en 1983, cuando Rolo Puente y Patricia Dal estuvieron en el Hotel Provincial de Sierra de la Ventana.

Habían pasado quince años desde aquel festival de 1968. La celebración había cambiado, pero Sierra mantenía intacta su capacidad de transformarse durante septiembre y los espectáculos nocturnos ya se habían convertido en otro atractivo de la primavera.

No solamente participaban los jóvenes

Si bien los estudiantes fueron siempre los grandes protagonistas, las familias también formaron parte de aquellas jornadas.

Los espacios verdes se convertían en grandes lugares de picnic donde padres, hijos, amigos y visitantes instalaban mesas improvisadas debajo de los árboles o junto al río.

Mientras los más jóvenes buscaban la música, los bailes y los lugares de encuentro, muchas familias aprovechaban la jornada para disfrutar del paisaje.

Durante esos fines de semana, la cantidad de visitantes llegaba a superar ampliamente a la población habitual de Sierra de la Ventana.

Las calles permanecían llenas, los comercios trabajaban sin descanso, los espacios verdes estaban ocupados, aparecían guitarras prácticamente en cualquier rincón, los automóviles formaban largas filas y las carpas modificaban por completo el paisaje.

Una celebración que cambió con los años

La Fiesta de la Primavera fue modificándose con el paso del tiempo.

Cambió la forma de viajar, cambió la música, cambió la noche y también cambiaron las maneras de divertirse. Las costumbres y las medidas de seguridad fueron otras y aquellas imágenes de estudiantes viajando en las cajas de los camiones o instalando campamentos improvisados pertenecen claramente a otra época.

Sin embargo, hubo algo que permaneció: la relación entre Sierra de la Ventana, los estudiantes y la llegada de la primavera quedó definitivamente incorporada a la memoria regional.

Las fotografías y recortes periodísticos que todavía se conservan ayudan a reconstruir aquella historia. Una imagen muestra un antiguo automóvil avanzando entre una multitud durante el desfile de las postulantes a reina. Otra conserva el rostro de Laura Beatriz Larrea, la estudiante de cuarto año elegida soberana estudiantil.

Son documentos que permiten dimensionar que aquella multitud de la que todavía hablan quienes participaron de los festejos no pertenece solamente al terreno de la nostalgia: durante aquellos años, miles de jóvenes efectivamente llegaban a Sierra de la Ventana para recibir la primavera.

Muchos de aquellos estudiantes hoy son abuelos. Algunos permanecieron en la región y otros viven a cientos o miles de kilómetros.

Pero mencionar aquellas primaveras todavía puede hacer regresar una historia: un viaje en tren, una canción, una fotografía, una novia o un novio conocido durante aquel fin de semana, una noche en Casuhati, una caminata hasta el Cerro del Amor o una guitarra junto al río.

Han pasado casi seis décadas desde aquel Primer Festival del Estudiante y de la Primavera de 1968.

Cambió Sierra de la Ventana, cambió la región, cambiaron los jóvenes y cambió la manera de festejar.

Pero aquella época permanece en la memoria de quienes la vivieron y forma parte de la historia de una localidad que, durante muchos años, cada vez que llegaba septiembre se transformaba para recibir a miles de estudiantes.

Hoy SIERRA SUENA recuperó ese Sierra de la Ventana de la juventud, de la familia y la Primavera.