A 34 años del traslado de los restos de Ernesto Tornquist y su esposa

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Fue un 14 de Setiembre de 1992.

El 14 de septiembre de 1992 quedó marcado como una fecha muy especial en la historia de Tornquist. Ese día llegaron definitivamente a la ciudad los restos de Ernesto Tornquist y de su esposa, Rosa Altgelt, para descansar en la comunidad que el empresario y visionario había contribuido decisivamente a fundar.

La histórica jornada había comenzado, en realidad, el día anterior.

Antes del traslado hacia la ciudad, los restos del matrimonio fueron recibidos en la tradicional Estancia Tornquist, propiedad que perteneciera al fundador y estrechamente vinculada a los primeros años de desarrollo de la zona.

Hasta allí llegó una numerosa representación de la familia Tornquist, acompañada por autoridades nacionales, provinciales y municipales, invitados especiales y vecinos que quisieron participar de aquel momento cargado de significado.

Durante la ceremonia se ofició una misa en memoria de Ernesto Tornquist y Rosa Altgelt. Posteriormente quedó instalada la capilla ardiente, permitiendo que familiares, allegados y quienes se acercaron hasta la estancia pudieran rendirles homenaje.

Al día siguiente, 14 de septiembre de 1992, comenzó el histórico traslado hacia la ciudad.

Los restos fueron acompañados por un extenso cortejo que avanzó hacia Tornquist en medio de una jornada profundamente emotiva. La llegada adquirió una dimensión especial para una comunidad que recibía a quien había sido protagonista fundamental de sus orígenes.

Ya dentro de la planta urbana, la comitiva recorrió distintos sectores de la localidad. En su trayecto pasó frente al Cuartel de Bomberos Voluntarios y posteriormente frente al Palacio Municipal, continuando luego hacia uno de los lugares más representativos de la ciudad: la Plaza Ernesto Tornquist.

Allí se desarrolló el acto oficial.

Una multitud de vecinos se congregó para acompañar aquel acontecimiento. Participaron autoridades, representantes de instituciones intermedias, establecimientos educativos, fuerzas vivas de la comunidad y descendientes de la familia Tornquist.

La ceremonia estuvo acompañada por la Banda Militar, que interpretó marchas y piezas solemnes, aportando un marco de profundo respeto y emoción.

Los discursos pronunciados durante el acto recordaron la figura de Ernesto Tornquist, su vínculo con estas tierras y la importancia que tuvo en el nacimiento y posterior desarrollo de la localidad que terminaría llevando su apellido.

Pero aquel 14 de septiembre no solamente se evocaba al fundador. También se rendía homenaje a Rosa Altgelt, su esposa y compañera, cuyos restos regresaban junto a los de Ernesto para compartir el descanso definitivo en Tornquist.

Finalizado el acto en la plaza, el cortejo retomó su marcha.

El destino final fue la Parroquia Santa Rosa de Lima, principal templo católico de la ciudad.

Allí fueron depositados definitivamente los restos de Ernesto Tornquist y Rosa Altgelt, cerrándose una jornada que quedaría incorporada para siempre a la memoria colectiva de los tornquistenses.

Habían transcurrido muchos años desde la muerte del fundador, pero finalmente Ernesto Tornquist regresaba a la tierra con la que su nombre había quedado unido para siempre.

El traslado del 14 de septiembre de 1992 significó mucho más que el movimiento físico de sus restos. Representó el reencuentro simbólico entre Tornquist y su fundador.

Familiares, autoridades, instituciones y vecinos fueron protagonistas de una jornada histórica, cuyo recuerdo permanece vigente más de tres décadas después.

Desde entonces, Ernesto Tornquist y Rosa Altgelt descansan en la Parroquia Santa Rosa de Lima, en el corazón de la ciudad que conserva el apellido del fundador como parte inseparable de su identidad.

Cada 14 de septiembre, aquella histórica jornada de 1992 vuelve a ocupar un lugar especial en la memoria de Tornquist: el día en que el fundador y su esposa regresaron definitivamente a su ciudad.