Adolfo Cendoya una vida de trabajo, campo y tradición

04/08/2026 23:49:34 | 2355 LECTURAS | LOCALES

De profesiòn soguero y muy memorioso.

A los 79 años, Adolfo Cendoya continúa cada mañana en su taller de Tornquist, rodeado de cueros, sogas, herramientas y recuerdos. Soguero por pasión, carpintero por necesidad y hombre de campo por elección, abrió las puertas de su lugar de trabajo para compartir una historia marcada por el sacrificio, el amor por las tradiciones y una permanente vocación por aprender.

Nacido en Puan, recordó que su infancia estuvo muy ligada al oficio de su padre, quien era carpintero y soñaba con que siguiera sus pasos. Sin embargo, reconoce entre risas que la carpintería nunca fue su verdadera pasión.

"Mi papá quería que fuera carpintero, pero a mí nunca me gustó. Siempre que podía me iba al campo. Teníamos familiares y amigos, y si andaba bien en la escuela, los fines de semana me escapaba para allá", contó.

Fue precisamente el campo el que terminó marcando su destino. Entre tareas rurales, caballos y trabajos camperos transcurrieron gran parte de sus primeros años.

Más adelante formó pareja con Norma y ambos se radicaron en la localidad de 17 de Agosto, donde comenzaron una nueva etapa familiar. Allí trabajó intensamente, aunque también debió atravesar momentos muy difíciles. Cinco años consecutivos sin cosechas y las complicaciones económicas derivadas de los créditos indexados terminaron provocando la pérdida de todo lo que habían construido.

"Vendimos todo y tuvimos que empezar de nuevo", recordó.

Fue entonces cuando, durante la década del 80, decidió radicarse en Tornquist, localidad donde continúa viviendo hasta la actualidad.

La carpintería que dejó huella

Aunque asegura que nunca fue un oficio que lo apasionara, la carpintería ocupó muchos años de su vida y le permitió realizar importantes obras.

Entre ellas recuerda con orgullo los trabajos realizados en la iglesia de Puan, donde fabricó puertas, portones, bancos, altares y buena parte del mobiliario del templo.

Ese enorme esfuerzo también estuvo motivado por una situación muy dolorosa. Su padre falleció en un accidente de tránsito cuando viajaba en motocicleta, dejando importantes deudas vinculadas al taller familiar.

"Había que salir adelante y pagar todo. Me iba hasta Rosario a comprar madera, muchas veces haciendo dedo. Comprábamos troncos enteros para fabricar nuestros propios tablones."

Un hombre del campo

Paralelamente desarrolló una intensa actividad rural.

Trabajó durante muchos años en distintas ferias de hacienda de la región, entre ellas las de 17 de Agosto, Felipe Solá y Bordenave.

También domó caballos y participó de los tradicionales arreos de hacienda, cuando todavía era habitual trasladar animales caminando por los caminos rurales.

"Eso era lo que realmente me gustaba", afirmó.

El arte de la soga

Si hay un oficio que identifica a Adolfo Cendoya es el de soguero.Cuenta que comenzó siendo muy joven, prácticamente sin maestros.

Su abuelo materno dominaba el arte del trenzado en cuero como pocos, pero nunca quiso enseñarle.

"Le pedía que me enseñara y me decía que nunca iba a aprender. Hoy me gustaría que estuviera acá para mostrarle todo lo que hice."

Con perseverancia, observación y práctica logró transformarse en un reconocido artesano.

Durante la entrevista mostró una de sus obras más complejas: el cabo de un cuchillo confeccionado con 72 tientos, una verdadera pieza artesanal que demanda alrededor de un día completo de trabajo y una enorme precisión.

Un apasionado por la historia

Además del trabajo manual, Cendoya cultiva otra gran pasión: los libros. Se define como un lector incansable, especialmente de aquellos textos respaldados por documentos históricos.

Lamenta profundamente haber prestado hace muchos años un valioso libro sobre la historia de la provincia de Buenos Aires que jamás regresó a sus manos.

"Los libros son sagrados", aseguró.

También recordó otro ejemplar dedicado al repujado en cuero, donde se explicaban las antiguas técnicas criollas utilizadas para confeccionar recados, caronas y otros elementos tradicionales.

Historias del Castillo Tornquist

Ya instalado en Tornquist, su prestigio como carpintero hizo que muchas personas recurrieran a él para realizar trabajos especiales.

Entre las anécdotas que más recuerda figura la restauración del antiguo billar perteneciente al Castillo Tornquist.

La histórica mesa había pasado por distintas instituciones de la localidad antes de regresar al castillo y fue entonces cuando lo convocaron para devolverle su estado original.

Antes de comenzar el trabajo, una persona dudó de su capacidad al verlo vestido con boina y ropa de campo.

Con la sencillez y el humor que lo caracterizan, respondió una frase que todavía recuerda entre risas:

"¿Vos te creés que porque tengo lana soy una oveja?"

Finalmente restauró el billar y demostró, una vez más, que la verdadera experiencia no se mide por las apariencias.

Una vida dedicada al trabajo

A lo largo de casi ocho décadas, Adolfo Cendoya fue carpintero, hombre de campo, domador, soguero, artesano e incansable lector.

Cada etapa dejó enseñanzas y recuerdos que hoy comparte con orgullo desde su taller de Tornquist, donde continúa trabajando todos los días con la misma dedicación de siempre.

En una segunda parte que publicaremos en breve hablaremos de su relaciòn con descendientes de nuestro fundador.