El papel que juega la nutrición en los tratamientos con GLP-1

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Es una hormona que el propio organismo produce en el intestino después de comer y que envía señales de saciedad al cerebro.

Buenos Aires, 15 julio (NA) — En los últimos meses cada vez más personas recurren a fármacos inyectables para bajar de peso, pero los especialistas advierten que sin cambios en la alimentación los resultados no se sostienen, ya que, el acompañamiento médico y los hábitos sanos son las claves para que el efecto no se pierda con el tiempos.

Según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, los llamados “medicamentos para adelgazar” -toda la familia de agonistas del GLP-1, una hormona que el propio organismo produce en el intestino después de comer y que envía señales de saciedad al cerebro- se transformaron en protagonistas ineludibles de la conversación sobre salud.

Así lo explicó la Dra. Susana Fuentes (M.N. 92.619) es especialista en clínica médica y diabetología, quien añadió que “los medicamentos que imitan su acción logran resultados que ninguna dieta por sí sola puede igualar, aunque existan alimentos —legumbres, pescados, frutos secos, vegetales de hoja— capaces de estimular su secreción de forma natural”.

“Confundir esa estimulación natural con un sustituto del fármaco es, en el mejor de los casos, un malentendido; en el peor, una promesa de marketing sin sustento científico”, dijo la experta y agregó: “El fenómeno crece rápido, pero conviene despejar un malentendido frecuente: estos fármacos no funcionan como un botón de reinicio milagroso, sino como una herramienta que exige acompañamiento profesional y, sobre todo, una alimentación adecuada”.

La importancia de comer bien
La Dra. Fuentes, quien es Magíster en Diabetes e integra el Equipo de Cirugía Bariátrica y Metabólica del Hospital “El Cruce” de alta complejidad, indicó además: “Bajar de peso con ayuda farmacológica es solo la primera etapa, ya que, la verdadera discusión clínica pasa por sostener una ingesta suficiente de proteínas y fibra y por preservar la masa muscular durante el proceso. Cuando el apetito se reduce de forma abrupta, también disminuye sin querer el aporte de nutrientes esenciales y ahí aparece el riesgo de perder músculo en lugar de grasa”.

“Por eso, cualquier esquema con GLP-1 debería ir de la mano de un plan alimentario supervisado y, siempre que sea posible, de entrenamiento de fuerza. No es casual que quienes mejor evolucionan sean pacientes que llegan a la consulta con hábitos ya instalados, no con la ilusión de una solución exprés”, aseveró.

La especialista dijo que “otro punto que suele pasarse por alto es que la obesidad continúa siendo vista, en buena parte de la sociedad, como una cuestión de fuerza de voluntad antes que como una enfermedad metabólica. Esa mirada retrasa consultas, alimenta la culpa y termina complicando el abordaje. Los datos de discontinuación son elocuentes: buena parte de quienes abandonan el tratamiento recuperan gran parte del peso perdido dentro de los dieciocho meses siguientes.

“Tratar al GLP-1 como si fuera una cura puntual, y no como una terapia sostenida en el tiempo, es uno de los errores conceptuales más frecuentes tanto entre pacientes como entre algunos profesionales”, señaló.

En tanto, la ecuación económica también pesa y la Dra. Fuentes manifestó: “En sistemas públicos, la cobertura suele limitarse a los cuadros más severos —índices de masa corporal por encima de 40 y comorbilidades asociadas— mientras el resto debe pagar el tratamiento de su bolsillo, lo que profundiza una desigualdad sanitaria basada en el poder adquisitivo.

“Con más de 190 moléculas metabólicas en desarrollo, incluidas versiones orales y de aplicación mensual o trimestral, es previsible que los precios bajen en la próxima década y que el acceso se amplíe, tal como ocurrió en su momento con las estatinas”, añadió.

Finalmente, dijo: “Mientras eso sucede, el mensaje para quien hoy considera este camino es simple: consultar con un equipo médico, hacerse los estudios correspondientes y entender que la inyección no reemplaza el plato de comida ni la actividad física. Es, en el mejor de los casos, un aliado potente dentro de un tratamiento integral, nunca un atajo solitario”.