Escribe Blas Saric: El espejismo del Estado presente

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Un análisis de las ideas que marcan la gestión en Tornquist.

A propósito de los recientes dichos de la intendente Bordoni: entre la matemática, el falso dilema de la obra pública y el fracaso económico del peronismo disfrazado de asistencia social.

Las recientes declaraciones públicas de la intendente de Tornquist, Estefanía Bordoni, ofrecen una radiografía perfecta del modelo político y económico que ha sumergido a la provincia y al país en una crisis estructural crónica. Bajo una narrativa paternalista y bienintencionada, se esconde la defensa de un sistema hipertrofiado que asume al Estado municipal como el único motor posible de la sociedad, ignorando las leyes más elementales de la economía, de la libertad individual y, llamativamente, de la matemática.

Matemática y desinformación en la Zona Fría

Uno de los puntos más alarmantes de la alocución de la jefa comunal fue su advertencia sobre la posible modificación del régimen de "Zona Fría". Bordoni afirmó textualmente: «Nos encarecen cuatro veces más la boleta de gas». Semejante aseveración tropieza frontalmente con las leyes de la aritmética y, además, incurre en una manipulación de la realidad institucional.

En primer lugar, los cambios planteados en los subsidios energéticos no implican una quita generalizada y arbitraria para toda la población, sino una readecuación focalizada: el beneficio se reduce únicamente para aquellos hogares cuyos ingresos superen el equivalente a tres canastas básicas totales. Es decir, se preserva el esquema de contención para los sectores de menores recursos, desarmando un subsidio cruzado e injusto que antes beneficiaba incluso a los patrimonios más altos del distrito.

En segundo lugar, el cálculo porcentual expuesto por la funcionaria carece de rigor técnico. El régimen de Zona Fría establece un descuento del 30% o del 50% sobre el componente del gas. Si en el caso más extremo se remueve un subsidio del 50%, el valor de ese componente pasa a representar el 100% de su costo real. Es decir, la tarifa se duplica (un aumento del 100%), no se cuadruplica. Para que una boleta se incremente cuatro veces más (400%), el subsidio de origen debería haber sido del 80%, una cifra inexistente en dicho marco normativo.

Más allá del grosero error de cálculo, la mandataria ignora el verdadero daño sistémico que producen las tarifas reguladas artificialmente. Para los comerciantes, pymes y emprendedores de Tornquist, no existe peor situación económica que la falta de disponibilidad y la degradación de los servicios esenciales. La política de subsidios generalizados deteriora la infraestructura de redes, congela las inversiones y genera desabastecimiento crónico. Una empresa o un comercio puede presupuestar y competir pagando el costo real de la energía; lo que destruye su productividad es la falta de suministro, la baja presión o el corte imprevisto ocasionado por un sistema descapitalizado.

Ladrillos estatales, el arraigo y la eliminación de tasas

La intendente también celebró la ampliación del Centro Universitario local mediante un desembolso provincial de 90 millones de pesos, criticando a los concejales de La Libertad Avanza por solicitar que el convenio fuera evaluado en comisión. Para la mandataria, dudar de este financiamiento equivale a "dañar a la comunidad".

Desde una perspectiva republicana y liberal, el control del gasto y la exigencia de transparencia parlamentaria no constituyen un daño, sino un deber moral. Esos 90 millones no son un regalo de la gobernación: provienen del esfuerzo de contribuyentes asfixiados. Además, el Estado suele planificar su oferta educativa basándose en encuestas de deseos y no en la demanda real del mercado laboral.

El verdadero arraigo y futuro de los jóvenes de Tornquist no se garantiza construyendo aulas estatales. Si realmente se busca fomentar la radicación de empresas y generar empleo genuino para la juventud, el Municipio debería avanzar en medidas concretas de alivio fiscal, como la eliminación definitiva de la Tasa de Seguridad e Higiene. Este tributo, que funciona como un impuesto encubierto a los ingresos brutos locales, no hace más que espantar la inversión privada hacia distritos vecinos con menor voracidad fiscal. Menos tasas es más inversión, y más inversión es la única garantía de empleo para el arraigo joven.

La trampa y la responsabilidad del asistencialismo

Quizás el reconocimiento más explícito de la realidad económica fue la mención de que el programa de entrega de leña municipal pasó de asistir a 100 familias a alcanzar a más de 400. Mientras la intendenta exhibe este dato como una muestra de sensibilidad y "respuestas" de su gestión, la verdad es inocultable: el aumento exponencial de la asistencia social es la prueba irrefutable de un empobrecimiento generalizado.

Sin embargo, hay que aclararle a la jefa comunal que este estallido de la demanda social no cayó del cielo, sino que es la consecuencia directa de las políticas económicas de los gobiernos de los cuales ella forma parte y representa. El modelo de emisión descontrolada, cepos e hiperinflación ha llevado la pobreza en Argentina a niveles desorbitados, superando el 54% de pobres y arrastrando a más del 60% de los chicos a la marginalidad. Tornquist no es una isla; sufre el impacto de la fábrica de pobres en la que convirtieron al país.

Dentro de esta misma lógica se encuadra la propaganda sobre la entrega de 540 pares de anteojos gestionados junto a la Fundación Banco Provincia. Si las políticas de su propio signo político no hubiesen empobrecido a la población, no haría falta que el Banco Provincia haga caridad con plata ajena. Si los ciudadanos no estuvieran asfixiados por impuestos y cargas y tuvieran trabajos en sectores productivos, tendrían el dinero suficiente en sus bolsillos para comprar sus propios lentes de manera digna, sin necesidad de tener que agradecerle al político de turno.

En lugar de financiar este clientelismo, las autoridades del Banco Provincia deberían abocarse seriamente a revisar sus gastos de estructura y los privilegios corporativos. El déficit multimillonario de su Caja Previsional, financiado de forma coactiva por el bolsillo de todos los bonaerenses, drena recursos públicos escasos que equivalen a trenes y trenes cargados con lentes. Una muestra flagrante de cómo el relato del "Estado presente" prioriza sostener los privilegios por sobre las necesidades reales del contribuyente de a pie.

Los políticos populistas perpetúan la dependencia del ciudadano hacia el funcionario de turno. Para sostener ese gasto creciente, el Municipio y la Provincia aumentan de forma constante las tasas y la presión impositiva sobre los pocos comerciantes, productores agropecuarios y pymes locales que aún intentan subsistir. Este es el círculo vicioso del estatismo: se destruye el empleo privado con impuestos, se empobrece a la población mediante el modelo que la intendente defiende, y luego se le ofrece asistencia estatal como única salvación.

Dicho de otra manera, te cortan las piernas y después te dan una muleta, y además piden que se la agradezcas.

Una visión corporativa de la política

Al ser consultada sobre sus intenciones de reelección para el año 2027, la jefa comunal fue tajante al declarar que quien niegue querer continuar en el cargo "miente", manifestando su agrado por "cambiar la realidad". Esa declaración trasluce la noción de la política no como un servicio público temporal y limitado, sino como una carrera de permanencia infinita.

Hay en esta postura un rasgo de soberbia y omnipotencia intelectual que define a la perfección el espíritu colectivista: la creencia mesiánica de que un funcionario público posee una lucidez superior para "cambiar la realidad". Atribuirse semejante poder implica un profundo menosprecio a la capacidad de los ciudadanos comunes. Es colocarse por encima de los vecinos, asumiendo que los comerciantes, productores y trabajadores locales son incapaces de progresar por su cuenta si no cuentan con la tutela y la guía de un burócrata iluminado. La verdadera realidad la cambian los individuos libres cooperando pacíficamente, no los intendentes desde un escritorio.

Los ciudadanos no necesitan gobernantes dedicados a moldear sus vidas o a dictar sus destinos. Lo que el distrito de Tornquist requiere urgentemente es que se reduzca el tamaño del Estado al mínimo indispensable —infraestructura básica, seguridad y orden local— para que los individuos, los comerciantes y los emprendedores recuperen la libertad de trabajar, prosperar y decidir su propio camino sin tutelajes políticos ni mesianismos de cabotaje.

Para cerrar:

Privilegio, “ventaja exclusiva que goza una persona o un grupo”. 

Privilegiada no es la persona que con su esfuerzo y merito logró no depender del funcionario de turno, privilegiado es el que por ejemplo desempeña cargos y funciones para los cuales no han demostrado ningún mérito. 

Los únicos privilegiados de este sistema son los políticos que lo sostienen y tratan de perpetuarse.

Concejal Blas Saric