Inés Bonadeo y el arte de transformar la naturaleza en joya

HOY 12:44:05 | 280 LECTURAS | GENERALES

Desde una infancia en el campo hasta los grandes escenarios, construyó un lenguaje propio a partir del metal y los elementos orgánicos.

Criada en la estancia de Los Cuises, rodeada de naturaleza y de objetos simples, Inés Bonadeo construyó un lenguaje artístico propio que hoy la proyecta a nivel nacional. Hija de Belén Marti, su vínculo con lo manual y lo creativo apareció desde muy chica y nunca se interrumpió. “Jugaba con barro, con huesos, con cuentas, enhebraba cosas. Siempre estaba usando las manos”, recordó su madre.

Belén Marti destacó la importancia de observar los intereses tempranos. “Hay que prestar atención a qué juegan los chicos, porque ahí aparece lo que después se transforma en una vocación”, señaló. La vida en el campo, las caminatas y la conexión con el entorno fueron parte de esa formación cotidiana. “Creo que lo que sí les transmití fue el amor por la naturaleza. Salíamos a caminar, juntábamos cosas, y de ahí surge mucha inspiración”, agregó.

Hoy, Inés se define como orfebre, aunque su trabajo va mucho más allá de la joyería tradicional. “Trabajo en metal, pero le incorporo caracoles, huesos, espinas, piedras”, explicó. A través de la técnica de la cera perdida, logra fundir en metal elementos orgánicos. “Una espina de acacia deja de estar, pero el metal toma su lugar. Es una forma de hacerlas perdurar y poder llevarlas con uno”.

Aunque estudió Comunicación Social y tuvo un breve paso por la radio, el trabajo manual terminó marcando su camino. “Siempre me atrajo trabajar con las manos”, afirmó. Desde su taller en Buenos Aires, donde también da clases, desarrolla desde hace más de diez años su propia marca de joyería. “Siempre que me voy de Los Cuises me traigo algo: una piedra, un musgo, algo que después termina siendo parte de una pieza”.

Muchas de sus creaciones surgen de materiales recolectados o de objetos que le acercan otras personas. “Me traen piedras que encontraron en un arroyo, huesos, vértebras de peces, piezas heredadas de una abuela. Me gusta sentarme con cada persona y armar algo que tenga que ver con su historia”, contó.

El último año marcó un crecimiento importante en su carrera. A partir de una colaboración con el diseñador Carlos Molina, fue convocada para trabajar en el vestuario y los accesorios del músico Milo J. “Vio nuestro trabajo en una vidriera, lo compró y a la semana nos llamó”, relató. La colaboración se extendió durante todo el año y formó parte de la presentación del disco La vida era más corta, que culminó con un show en el estadio de Vélez.

“Verlo en el escenario usando algo que yo hice fue muy fuerte, lloré”, confesó. Entre las piezas creadas se destacan exvotos, figuras metálicas tradicionales vinculadas a pedidos y promesas. “Son piezas que se usaban para pedirle algo a un santo: un corazón, una pierna, un órgano. Nosotros hicimos uno y también una cicatriz metálica que él usa”.

Bonadeo explicó que gran parte de su trabajo se apoya en el estudio del folclore y del vestuario tradicional. “Soy bastante nerd de eso. Estudié mucho los accesorios gauchescos, las corraleras, las bombachas, cómo se mueven cuando alguien baila o monta. Me interesa cómo todo eso brilla y se ve en movimiento”.

Sobre el oficio, fue clara: “Se aprende todos los días. Cada trabajo a pedido te obliga a resolver algo nuevo”. También recordó una enseñanza clave de su maestro, el orfebre Oscar Bocassi: “Primero aprendé bien la técnica y después hacé lo que quieras con esa técnica”.

Hacia el final, dejó un mensaje para quienes dudan en seguir una vocación artística: “Hay que hacer eso que a uno lo obsesiona desde chico. Aunque sea un rato por día, dibujar, crear, lo que sea”. Belén coincidió: “Es fundamental conectarse con la naturaleza y animarse a crear con lo que a uno le gusta”. Finalizó.

Instagram @inesbonadeojoyeria

Nota a Ines Bonadeo y Belén Marti