Carta de lectores

14/03/2024 17:53:30 | 1659 LECTURAS | LECTORES

Escribe el doctor José Carlos Corbatta.

Saber Delegar

 

Introducción:

Muy frecuentemente notamos que todo ser humano, en el despliegue de sus capacidades, tiene la sutil habilidad de “delegar”. Asumida tal reflexión, nos urge observar con mucha atención los yerros que comenten quienes no pueden llevar a buen destino una responsabilidad desde la cima de la pirámide hacia la base.-

Intentamos buscar las razones que propulsan un verdadero liderazgo en el fino tramado del ejercicio de la conducción. Como es de rigor, nos alineamos con la lealtad intelectual, ello tal vez por respeto a una de las virtudes que acompañan el buen saber y la originalidad del pensamiento.- 

Existe en tal sentido una válida razón. Todo aquello que está bien concebido o ideado, correctamente expresado, fundamentado con profundidad y comprobado eficientemente, fue y será siempre una herramienta de progreso y facilita el conocimiento gracias al entendimiento. Asimismo, será eternamente la musa que debemos traer a nuestros tiempos para que disfrutemos no sólo de la buena o fecunda Lectura sino de la Calidad de Vida (en toda su extensión) que nos merecemos todos por igual.-

Entonces, nada mejor que la consulta y posterior interpretación de dos textos que traen luz bajo la cual con lupa encontramos llaves que nos abren las puertas del conocimiento primigenio del tema que no ocupa. 

El Pentateuco:

Las Sagradas Escrituras son fuentes inagotables de verdades. Como permanentes manantiales de conocimiento, nos ilustran según sus tradiciones escritas con hechos o relatos que nos dejan enseñanzas que no debemos olvidar. 

En este caso no sólo hay que atesorar la condición de un Gran Suegro y el dictado de una Clase, sino conjuntamente la Humildad de un Hombre cuyo destino fue muy Importante para la Historia de la Humanidad.

Quien imparte conocimientos instruye y lo hace por experiencia y conexión con el Liderazgo. La Conducción reconoce siempre su lazo de unión con los Líderes.

En Éxodo 18 yace el “Consejo de Jetro para Moisés”, una sana reflexión nacida de observar el despliegue de quien resuelve las disputas entre los hijos de Israel. 

“Aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde? Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios. Cuando tienen asuntos, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes. Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios. Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. Además, escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo. Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar. Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo. Escogió Moisés varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes sobre el pueblo, sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez. Y juzgaban al pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo traían a Moisés, y ellos juzgaban todo asunto pequeño. Y despidió Moisés a su suegro, y éste se fue a su tierra.” 

En el texto surge en principio la aparente condición Moisés como único Juez (sentado) reconocido de la Nación con mucho desempeño a partir del conocimiento de las leyes y con demanda permanente de reclamos. Frente a su permanencia en la función que sólo Moisés ostentaba, Jetro aconseja le a Moisés a cambiar su ángulo de Trabajo.  “No está bien lo que haces” y apunta al tiempo y a su desgaste personal o esfuerzo. 

Moisés necesitaba delegar, como surge en Hechos 6:1-4 “En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria. Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.”  

Cuando Jetro sentencia: “El trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo” no pone en dudas ni la autoridad ni el conocimiento de Moisés sino lo resguarda del desgaste innecesario. “Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo” Es tal vez por “Humildad y Respeto” de Moisés a su Suegro que le presta atención a su consejo, era saber una realidad que cobraría muchas víctimas. Moisés entendía que debía delegar. Él debía de orar por el pueblo y someter los asuntos a Dios. La oración era un aspecto esencial del liderazgo de Moisés en el pueblo.

Pero falta un aporte importantísimo u otro condimento exitoso que es saber rodearse, valorar el talento del prójimo y elegir bien. Dice Jetro: “Además, escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño.” 

Cuando se delega se sabe quién corre de la mano con la responsabilidad del éxito. El Trabajo debe ser puesto sobre el hombro competentes y además leales. 

Solamente hombres muy especiales o particularmente destacados eran aptos para este trabajo: Hombres capaces (varones de virtud), piadosos (temerosos de Dios), con el ejercicio de la Palabra de Dios (varones de verdad), y de honor (alejados de la avaricia). Moisés entonces era un Líder que se asistía de los que querían lo mejor y que además lo cuidaban. Debía formar un verdadero “Equipo” para triunfar con su Obra. 

Pablo le dio el mismo consejo a Timoteo 2:2: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”.

La importancia de delegar también radica en la efectiva resolución de los asuntos muy importantes o conflictos graves. Avocarse Moisés a la conducción de su Pueblo es beneficio directo de haber efectivamente delegado, sin dejar de estar atento a sus leales. El delegar es muestra del ejercicio de liderazgo. Un Líder no es mezquino en la apreciación de las virtudes que poseen aquellos que integran su primer círculo. 

El mediocre no confía, crea alumnos de la traición, puesto que rara vez conforma equipos y la falta de transparencia en los fines de su verdadera intención no deja concretar la unión que posibilita el éxito.

Un desconfiado no combate al obsecuente, al trepador y al vampiro trucho. El ese contexto destruye la propia dignidad que es en definitiva aquello que algún día lo puede reivindicar en sus luchas.

Pero sigamos a la luz de los textos bíblicos y en especial atención al “Liderazgo” o condición de líder. Todo un permanente ejercicio de un sinnúmero de habilidades para la “Conducción”. 

En Romanos 12:6-8 consta: Dios, en su gracia, nos ha dado dones diferentes para hacer bien determinadas cosas. Por lo tanto, si Dios te dio la capacidad de profetizar, habla con toda la fe que Dios te haya concedido. Si tu don es servir a otros, sírvelos bien. Si eres maestro, enseña bien. Si tu don consiste en animar a otros, anímalos. Si tu don es dar, hazlo con generosidad. Si Dios te ha dado la capacidad de liderar, toma la responsabilidad en serio.

En otro aspecto se instruye sobre aquello que un Líder no debe hacer:

1) No temer intentar algo nuevo.

Isaías 43:19

He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz. ¿No la percibís? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en el yermo.

Naturalmente cuando se sitúa a alguien en un nuevo rol cometerá errores, es inevitable, pero es así como se aprende. No es bueno el despliegue rutinario. 

2) No confundir la lealtad individual con el desarrollo del equipo.

1 Corintios 3:9-11

Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 

Una correcta interpretación es trabaje en permanente contacto, con los mejores en su ramo y con los idóneos eliminando soberbia y obsecuencia, muy de cerca, con integrantes probos, en amalgama con el resto.

Romanos 12:5

Así nosotros, aunque muchos, somos un cuerpo en unión con Cristo, pero miembros que pertenecemos individualmente los unos a los otros. 

Ser parte, interactuar, involucrarse individualmente pero también en conjunto es la antesala del éxito de un equipo.

3) No trates de controlar de forma excesiva

2 Corintios 7:16

Me regocijo de que de toda manera puedo tener buen ánimo a causa de ustedes.

Nada más placentero que despertar cada mañana sabiendo que se valora el “Acto de Lealtad”. Nada más controlador que el egoísmo propio de un personalista, de quien mira sólo por sí y para sí. 

Hay que ser muy obtuso para descartar aquello que no abunda. Sólo un infeliz desprecia la “Conducta Leal”. Digo “infeliz” porque a la postre quien pierde la conducción ya ha sido desplazado por sus propios errores.   

Existe una diferencia entre dirigir personas y liderarlas. Dirigirlas requiere tener un ojo para el detalle mientras que liderarlas implica compartir la visión establecer metas y motivarlos y se debe entender la diferencia.

Cuando tratas de controlar excesivamente a los demás en lugar de liderar, la moral se afecta porque la gente necesita objetivos claros para averiguar cómo alcanzarlos.

"Tira la cuerda y te seguirá dondequiera que desees. Empújala, y no llegará a ningún lado" Dwight D. Eisenhower

"Yo soy el buen pastor”, dice Jesús en Juan 10:14-15. “Yo conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas”. 

La Biblia enfatiza la importancia de ser un seguidor, seguir al Buen Pastor, para ser un LÍDER eficaz.

El Príncipe

En el segundo texto bajamos a la Tierra y nos adentramos en “El Príncipe”. No existe político que no tenga presente al “Padre del Nacionalismo Moderno”. 

Debajo de muchas almohadas alguna vez su obra también descansó por ser además el primer clásico del pensamiento político moderno. Fue consagrado a Lorenzo de Médicis "el Magnífico" en 1513. Sus Capítulos son un conjunto de reflexiones sobre el arte de conquistar y conservar el poder de un principado.

A partir de la observación eximia del comportamiento humano, Nicolás Maquiavelo imparte al príncipe consejos sobre la forma de desenvolverse en todo terreno y en cada una de las posibles situaciones en las que se puede hallar. Son sus ideas políticas las que comulgan con las estrategias militares, pero siempre apuntando al ejercicio y robustecimiento del Poder Político. Su razonamiento sobre la forma en que se adquieren los principados, cómo se conservan y por qué se pierden es preciso y esbozado con la sencillez propia de un Maestro.

Es tan evidente la falencia en los tiempos actuales del “Arte de Conducir” que basta mirar los Pueblos para ver la mediocre tarea de sus amateurs dirigentes o aprendices de la política. Pueblos que no progresan en busca de un futuro estable y promisorio. Se encaraman los pillos subidos a puestos donde buscan la fortuna mientras el Pueblo tiene hambre y le tiran migas. ¡Cuánta desproporción!     

Pero la clave del éxito en la Conducción sigue siendo “saber y tener en quien delegar”. Es una muestra de verdadera y entera confianza en el otro, no en un lacayo ni en perpetuos seguidores pasivos que sólo dicen AMÉN.

Muy por el contrario, los resultados son buenos para el conjunto cuando se delega en Militantes activos, independientemente del origen y condición social. 

La falta absoluta de egoísmo y mezquindad no es teoría sino práctica fecunda a los ojos del Pueblo y el sano ejercicio de la política como “Arte de lo Posible”. 

Nos ilustra Maquiavelo en “El Príncipe” Capítulo XXII De los Secretarios del Príncipe: “No es punto carente de importancia la elección de los ministros, que será buena o mala la cordura del príncipe. La primera opinión que se tiene del juicio de un príncipe se funda en los hombres que lo rodean si son capaces y fieles, podrá reputárselo por sabio, pues supo hallarlos capaces y mantenerlos fieles; pero cuando no lo son, no podrá considerarse prudente a un príncipe que el primer error que comete lo comete en esta elección.

“No había nadie que, al saber que Antonio de Venafro era ministro de Pandolfo Petrucci, príncipe de Siena, no juzgase hombre muy inteligente a Pandolfo, por tener por ministro a quien tenía. Pues hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí; el segundo entiende lo que los otros disciernen y el tercero no discierne ni entiende lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil. Era, pues, absolutamente indispensable que, si Pandolfo no se hallaba en el primer caso, se hallase en el segundo. Porque con tal que un príncipe tenga el suficiente discernimiento para darse cuenta de lo bueno o malo que hace y dice, reconocerá, aunque de por sí no las descubra, cuáles son las obras buenas y cuáles las malas de un ministro, y podrá corregir éstas y elogiar las otras; y el ministro, que no podrá confiar en engañarlo, se conservará honesto y fiel. 

“Para conocer a un ministro hay un modo que no falla nunca. Cuando se ve que un ministro piensa más en él que en uno y que en todo no busca sino su provecho, estamos en presencia de un ministro que nunca será bueno y en quien el príncipe nunca podrá confiar. 

“Porque el que tiene en sus manos el Estado de otro jamás debe pensar en sí mismo, sino en el príncipe, y no recordarle sino las cosas que pertenezcan a él. Por su parte, el príncipe, para mantenerlo constante en su fidelidad, debe pensar en el ministro. Debe honrarlo, enriquecerlo y colmarlo de cargos, de manera que comprenda que no puede estar sin él, y que los muchos honores no le hagan desear más honores, las muchas riquezas no le hagan ansiar más riquezas y los muchos cargos le hagan temer los cambios políticos. Cuando los ministros, y los príncipes con respecto a los ministros, proceden así, pueden confiar unos en otros; pero cuando procedan de otro modo, las consecuencias son perjudiciales tanto para unos como para otros.”

Antonio de Venafro (1459 – 1530) cuyo verdadero apellido era Giordano fue primer ministro de Siena siendo que descolló como profesor de Derecho en numerosas universidades italianas a partir de obtener en Nápoles su diploma en “Utroque Iure” es decir Jurisprudencia. La importancia que le dio Maquiavelo es notable y merecida puesto que Antonio de Venafro comulgó además con la literatura, la historia y la poesía.

Pandolfo lo tomó como su principal colaborador, asesor y embajador en reuniones y cumbres con Jefes de Estado y ante los Papas. Su gestión marcó tendencia en las elecciones políticas del Sr. de Siena. Más tarde y de regreso a Nápoles fue nombrado miembro del Consejo Colateral. El Rey Fernando el católico lo designa Consejero Palatino y Consejero Regional. Una carrera plagada de éxitos y coronada con la mención especial en “El Príncipe”. Pero hubo un acto de generosidad e inteligencia propia de un Conductor como el Pandolfo.

En el plano de la Conducción podemos señalar que: “Conducir es un ARTE, como la pintura o como la escultura, que tiene su técnica y su teoría. Con la teoría y la técnica se puede hacer un buen cuadro … esto es la parte inerte del arte la parte vital es el artista”. al decir del Gral. Juan D. Perón.

El “Saber Delegar” no sólo es transmitir poder y responsabilizar al ungido, es un fino ejercicio entre el Cielo y la Tierra. Nada refutable en La Biblia es alejado del éxito en la Tierra. 

Llegará el tiempo en que se crea sólo en aquello que se observe y se visualice por encima de los dichos o palabras. En tal sentido quienes rodean al Lider son los mejores en su género, en su arte o profesión, inflamados de bondad y generosidad de acción y pensamiento. 

Hay quienes detentan el poder y aún no saben “Delegar”. Una verdadera pena, sin dejar de ser un defecto que de cara a los que continúan por ejemplo la herencia política que traza el dedo. 

A la postre se traduce en inoperancia, confusión de roles y descrédito de toda actividad y en particular de la Política que deja de ser “el arte de lo posible” al decir de Aristóteles. Es más, llegado al punto ya no se trata de un despropósito, es por lo tanto una tragedia que enmarca la desdicha de Pueblo.