'Sólo los humildes salvarán a los humildes'

21/09/2019 11:28:39 | 1192 LECTURAS | LECTORES

Escribe el Dr. José Carlos Corbatta.

Sólo los humildes salvarán a los humildes
Dr. José Carlos Corbatta

Introducción:

Nos ilustra Aristóteles en “La Política” Libro Cuarto, Capítulo XII: “...ahora hay que tratar de ver, a propósito de gobernantes, qué personas deben serlo y qué cualidades han de poseer para que la ciudad sea feliz y esté bien administrada. Dos condiciones son precisas para conseguir el bien general: la primera es que haya un fin y que éste sea laudable; la segunda es que sepa qué actos conducen a aquel fin. Pues bien, en las artes y en las ciencias, en la política igual que en la medicina, es necesario conocer el fin y dominar los medios para lograrlo. Si la ciudad es virtuosa, eso ya no es obra de la fortuna, sino de la ciencia y da la voluntad. Sin embargo, una República no puede ser virtuosa como no lo sean los ciudadanos que toman parte en el gobierno; y en nuestro sistema, toman parte en el gobierno todos los ciudadanos. Se trata de ver cómo un hombre se hace virtuoso, no uno a uno, sino todos a un tiempo; es lo mejor, pues en lo general está comprendido lo particular”.

Seguidamente el Estagirita enumera: “Tres son las cosas que hacen a los hombres buenos y virtuosos: la naturaleza, la costumbre y la razón. Lo primero que se precisa es que la naturaleza lo haga nacer hombre y no animal; también es necesario que ella le otorgue cualidades del alma y del cuerpo. Algunas de estas cualidades no son de ninguna utilidad, pues la costumbre las cambia y modifica. Es la costumbre, en efecto, lo que desarrolla las cualidades naturales, dándoles una tendencia al bien o al mal”.

En definitiva, siguiendo al filósofo de Estagira de Tracia, unas veces la costumbre y otras más la enseñanza de los maestros, es lo que guía a los hombres en aquello que deben hacer.

Sanidad Justicialista:

En este orden de ideas, si el apogeo de la salud en nuestra bendita Patria debiera identificarse con un nombre y apellido, el espejo del tiempo nos representaría al Dr. Ramón Carrillo, uno de los hijos dilectos de la Prov. de Santiago del Estero, un Profesional con “vocación médica” y un verdadero Patriota.

Asimismo, no siempre es posible reivindicar las profesiones mediante el estilo de vida y la participación en los cuadros de la política. Cuando un profesional de la talla del Dr. Ramón Carrillo, traduce su vocación médica en saludables beneficios para todos sus hermanos, el círculo se cierra, porque se ha hecho algo por la grandeza de la Nación y el hombre trasciende a los fines de la vida.

El ejemplo y la capacidad creadora del “Padre de la Salud” en la República Argentina, va de la mano de su humildad, la misma que hace a los seres humanos eternamente valiosos a los ojos del Pueblo, la que también posibilita el eterno respeto y consideración de sus colegas, y la que traduce, en definitiva, el grado de peronismo alcanzado por un hombre brillante que organizó la medicina de una manera social y políticamente viable.

Debemos remontarnos a los momentos vividos al amparo de políticas sanitarias ideadas por el Gral. Juan D. Perón y basadas en la formulación de los tres principios básicos de la sanidad justicialista:

1) Todos los hombres tienen igual derecho a la vida y a la salud.

2) No puede haber política sanitaria sin política social.

3) De nada sirven las conquistas de la técnica médica si ésta no puede llegar al pueblo por medio de dispositivos adecuados.

En estos principios estaban implícitos los Derechos de la Salud, incluidos también los Derechos del Trabajador.

No obstante, conforme la coherencia de trabajo de equipo, la Sra. Eva Perón, en distintas oportunidades, formuló también otros tres principios básicos de la sanidad justicialista:

1) allí donde exista una necesidad estará Evita para remediarla en nombre de Perón;

2) la limosna envilece, la ayuda dignifica y;

3) sólo los humildes pueden salvar a los humildes.

Estos umbrales estaban implícitos en los Derechos de la Ancianidad, en los Derechos de la Niñez y en el espíritu de la Fundación Eva Perón.

Algo más que Derechos:

La derogada Constitución de la Nación Argentina sancionada por la Convención Nacional Constituyente en cumplimiento de las disposiciones de la Ley N° 13.233, (11 de marzo de 1949), viene en nuestro auxilio y en su Capítulo III “Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura” establecía:

“Art. 37.- Declárense los siguientes derechos especiales:

I.- Del trabajador 1.- Derecho de trabajar.- El trabajo es el medio indispensable para satisfacer las necesidades espirituales y materiales del individuo y de la comunidad, la causa de todas las conquistas de la civilización y el fundamento de la prosperidad general; de ahí que el derecho de trabajar debe ser protegido por la sociedad, considerándolo con la dignidad que merece y proveyendo ocupación a quien lo necesite.

2.- Derecho a una retribución justa.- Siendo la riqueza, la renta y el interés del capital frutos exclusivos del trabajo humano, la comunidad deber organizar y reactivar las fuentes de producción en forma de posibilitar y garantizar al trabajador una retribución moral y material que satisfaga sus necesidades vitales y sea compensatoria del rendimiento obtenido y del esfuerzo realizado.

3.- Derecho a la capacitación.- El mejoramiento de la condición humana y la preeminencia de los valores del espíritu imponen la necesidad de propiciar la elevación de la cultura y la aptitud profesional, procurando que todas las inteligencias puedan orientarse hacia todas las direcciones del conocimiento, e incumbe a la sociedad estimular el esfuerzo individual proporcionando los medios para que, en igualdad de oportunidades, todo individuo pueda ejercitar el derecho a aprender y perfeccionarse.

4.- Derecho a condiciones dignas de trabajo.- La consideración debida al ser humano, la importancia que el trabajo reviste como función social y el respeto recíproco entre los factores concurrentes de la producción, consagran el derecho de los individuos a exigir condiciones dignas y justas para el desarrollo de su actividad y la obligación de la sociedad de velar por la estricta observancia de los preceptos que las instituyen y reglamentan.

5.- Derecho a la preservación de la salud.- El cuidad de la salud física y moral de los individuos debe ser una preocupación primordial y constante de la sociedad, a la que corresponde velar para que el régimen de trabajo reúna requisitos adecuados de higiene y seguridad, no exceda las posibilidades normales del esfuerzo y posibilite la debida oportunidad de recuperación por el reposo.

6.- Derecho al bienestar.- El derecho de los trabajadores al bienestar, cuya expresión mínima se concreta en la posibilidad de disponer de vivienda, indumentaria y alimentación adecuadas, de satisfacer sin angustias sus necesidades y las de su familia en forma que les permita trabajar con satisfacción, descansar libres de preocupaciones y gozar mesuradamente de expansiones espirituales y materiales, impone la necesidad social de elevar el nivel de vida y de trabajo con los recursos directos e indirectos que permita el desenvolvimiento económico.

7.- Derecho a la seguridad social.- El derecho de los individuos a ser amparados en los casos de disminución, suspensión o pérdida de su capacidad para el trabajo promueve la obligación de la sociedad de tomar unilateralmente a su cargo las prestaciones correspondientes o de promover regímenes de ayuda mutua obligatoria destinados, unos y otros, a cubrir o complementar las insuficiencias o inaptitudes propias de ciertos períodos de la vida o las que resulten de infortunios provenientes de riesgos eventuales.

8.- Derecho a la protección de su familia.- La protección de la familia responde a un natural designio de individuo, desde que en ella generan sus más elevados sentimientos efectivos y todo empeño tendiente a su bienestar debe ser estimulado y favorecido por la comunidad como el modo más indicado de propender al mejoramiento del género humano y a la consolidación de principios espirituales y morales que constituyen la esencia de la convivencia social.

9.- Derecho al mejoramiento económico.- La capacidad productora y el empeño de superación hallan un natural incentivo en las posibilidades de mejoramiento económico, por lo que la sociedad debe apoyar y favorecer las iniciativas de los individuos tendientes a ese fin, y estimular la formación y utilización de capitales, en cuanto constituyen elementos activos de la producción y contribuyan a la prosperidad general.

10.- Derecho a la defensa de los intereses profesionales.- El derecho de agremiarse libremente y de participar en otras actividades lícitas tendientes a la defensa de los intereses profesionales, constituyen atribuciones esenciales de los trabajadores, que la sociedad debe respetar y proteger, asegurando su libre ejercicio y reprimiendo todo acto que pueda dificultarle o impedirlo.

II.- De la familia

La familia, como núcleo primario y fundamental de la sociedad, será objeto de preferente protección por parte del Estado, el que reconoce sus derechos en lo que respecta a su constitución, defensa y cumplimento de sus fines.

1.- El Estado protege el matrimonio, garantiza la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad.

2.- El Estado formará la unidad económica familiar, de conformidad con lo que una ley especial establezca.

3.- El Estado garantiza el bien de la familia conforme a lo que una ley especial determine.

4.- La atención y asistencia de la madre y del niño gozarán de la especial y privilegiada consideración del Estado.

III.- De la ancianidad

1.- Derecho a la asistencia.- Todo anciano tiene derecho a su protección integral, por cuenta y cargo de su familia. En caso de desamparo, corresponde al Estado proveer a dicha protección, ya sea en forma directa o por intermedio de los institutos y fundaciones creados, o que se crearen con ese fin, sin perjuicio de la subrogación del Estado o de dichos institutos, para demandar a los familiares remisos y solventes los aportes correspondientes.

2.- Derecho a la vivienda.- El derecho a un albergue higiénico, con un mínimo de comodidades hogareñas es inherente a la condición humana.

3.- Derecho a la alimentación.- La alimentación sana, y adecuada a la edad y estado físico de cada uno, debe ser contemplada en forma particular.

4.- Derecho al vestido.- El vestido decoroso y apropiado al clima complementa el derecho anterior.

5.- Derecho al cuidado de la salud física.- El cuidado de la salud física de los ancianos ha de ser preocupación especialísimo y permanente.

6.- Derecho al cuidado de la salud moral.- Debe asegurarse el libre ejercicio de las expansiones espirituales, concordes con la moral y el culto.

7.- Derecho al esparcimiento.- Ha de reconocerse a la ancianidad el derecho de gozar mesuradamente de un mínimo de entretenimientos para que pueda sobrellevar con satisfacción sus horas de espera.

8.- Derecho al trabajo.- Cuando el estado y condiciones lo permitan, la ocupación por medio de la laborterapia productiva ha de ser facilitada. Se evitará así la disminución de la personalidad.

9.- Derecho a la tranquilidad.- Gozar de tranquilidad, libre de angustias y preocupaciones, en los años últimos de existencia, es patrimonio del anciano.

10.- Derecho al respeto.- La ancianidad tiene derecho al respeto y consideración de sus semejantes.”

Con relación a los derechos consagrados en el constitucionalismo social y la frase: “Allí donde exista una necesidad estará Evita para remediarla en nombre de Perón”, podemos concluir que tales expresiones no significaron un “slogan de campaña”, constituyeron una formulación jurídica, que encerraba una realidad filosófica trascendente. Quería decirse: “donde hay una necesidad, hay un derecho: es decir que el derecho es generado por la necesidad”.

El Dr. Ramón Carrillo dijo al respecto: “Yo me pregunto si los señores juristas pensaron algo antes sobre esta definición y si ahora tienen presente el que haya sido una mujer la que descubriera la raíz biológica del derecho. Véase que porque el niño necesita guía, sostén, ayuda, todo, nacen los Derechos de la Niñez, y porque los viejos, los inválidos, los desvalidos, necesitan también todo, nacen los Derechos de la Ancianidad. Esto es: las necesidades se transforman en derecho y crean la obligación de atenderlas o remediarlas, por parte del Estado o por la Fundación”.

Principios de Acción Política:

No nos encontramos ante simple estipulaciones o principios, puesto que la realidad justicialista superó la etapa de los meros principios.

Cuando Eva Perón sostenía que la limosna envilece a quien la da y a quien la recibe, mientras que la ayuda social ennoblece y dignifica a quien ella llega, cambió el concepto de la beneficencia.

La beneficencia, de esta manera desaparece para transformarse en un acto de derecho. Se recibe una ayuda y se contrae el compromiso de elevarse, de salir de la dificultad y, si es posible, de devolver esa ayuda. Y así, todos aquellos a quienes ella ayudaba estaban comprometidos a devolver esa ayuda en otra forma; estaban obligados a rendir, a producir, a hacer Patria. Debió muchas veces repetirse el principio bíblico que reza: “no hay que darle al hombre un pez para que coma un día, sino enseñarle a pescar para que coma toda su vida”, para desalentar a los vividores y oportunistas.

Los humildes fueron así, el centro de atención. Evita dijo: “Sólo los humildes salvarán a los humildes”, dando forma para la época al aforismo que también, en otros términos, fuera formulado por San Vicente de Paul. De acuerdo con el concepto de beneficencia, tal como se lo entendía y practicaba antes en nuestro país, sólo los poderosos podían ayudar a los necesitados. Pero también los humildes pueden ayudar a sus compañeros de infortunio. Este es el gran principio moral que introduce Eva Perón en la sanidad. En sanidad, todo ello se llama servicio social o asistencia social.

El Dr. Ramón Carrillo dijo: “Los principios básicos de Perón y de Eva Perón llevan lo económico y lo social al campo de la medicina, en hechos concretos, en realidades. De tal modo, en la lucha contra los factores negativos de la sanidad, podemos presentar técnica, económica y socialmente muchas cosas. Antes, por ejemplo, no existía más que el caos institucional. Perón implantó una política de descentralización paulatina de la sanidad, con una casa central en Buenos Aires –el Ministerio de Salud Pública de la Nación- y promoviendo el desarrollo de ministerios provinciales de Salud Pública, es decir, estableciendo orden y centralización institucional sobre la base de una doctrina única, y eficaz descentralización según las zonas”.

Se atacó la causa de las enfermedades sociales: Dijo el sanitarista: “Bajaron los índices de enfermedades en forma notable. Si bien el número de camas ha sido aumentado, dicho aumento justificaría, dentro de la sanidad clásica, un descenso tan grande. Hemos bajado a la mitad en cinco años y eso se debe a que por vía de la erradicación de la miseria, de la pobreza y del infortunio social, se ha logrado descender el índice de tuberculosis. Desde mucho antes, desde tiempos antiguos, cuando se hacían referencias a esta enfermedad, se la mencionaba como “enfermedad social” y en realidad no sabíamos qué queríamos decir con ello. En el fondo la emprendíamos contra el bacilo de Koch. Hoy sabemos cómo se debe luchar contra las enfermedades sociales. En ese sentido, Perón, al eliminar la mala vivienda con todos los barrios inmensos que se construyen por todas partes en el país, y al desterrar la miseria mediante buenos salarios, ha actuado como el más eximio y hábil de los fisiólogos”.

El trabajo es el remedio frente a todos los males: “Desde el punto de vista de los resultados que pueda estudiar la sanidad justicialista, he mencionado ya el tema de los salarios y la organización del trabajo. El hecho de que haya ocupación plena en el país, es decir, que no exista desocupación, permite mantener con eso sólo, un alto índice sanitario. Lo que llamamos “estándar de vida” marcha parejo con las condiciones de trabajo. Por eso no hay política sanitaria sin política social. No hay sanidad sin estándar de vida. Ése es solamente uno de los aspectos de la sanidad justicialista”.

La ayuda social tenía carácter de emergencia. No es la ayuda circunstancial destinada a sacar a flote la situación angustiosa de un hombre, de una mujer o de una familia, sino la colaboración, la cooperación que se prestaba con el compromiso de devolverse, si ello hubiera sido posible.

El Dr. Ramón Carrillo expresaba: “Eva Perón transforma esa ayuda de emergencia en una ayuda permanente, con la creación de los “Hogares de Tránsito”. Todo lo cual se convierte en lo que se llama: “Asistencia social”. Es indudable que el pensamiento de Eva Perón está encaminado a que no haya necesitados, a que no haya sumergidos, a que no haya desafortunados. ¿Y cómo se consigue todo esto?: con la previsión social. Allí donde haya una necesidad habrá asistencia social. Sólo se podrá evitar la necesidad con la previsión. Habrá que inculcar, entonces, en nuestro pueblo, la idea de la previsión. Por eso todo lo que signifique previsión tiene en la señora de Perón favorable acogida, porque sabe que sólo con la previsión organizada llegará un momento en que no hará más falta ayuda para nadie, porque uno mismo se habrá ayudado ya. Solamente con la previsión organizada socialmente, no habrá más necesidad de asistencia social; los ancianos tendrán prevista su vejez, los enfermos su curación y todo hombre el infortunio que implica la desocupación o la incapacidad física para el trabajo”.

Existió un cambio profundo en la actividad del médico y el la concepción de la medicina. Se dirá: “La ayuda social y la asistencia social son necesidades mientras hay imprevisión y desaparecen cuando hay previsión y cultura suficiente en los pueblos como para comprender que en la vida hay que prepararse para los buenos y los malos ratos y, sobre todo, pata las malas jugadas que suele ella depararnos. Eva Perón ha venido creando nuevas formas de asistencia social que no ha leído seguramente en ningún libro, sino que las ha forjado sobre el terreno mismo de las necesidades. Con los fondos de la Fundación, Eva Perón ha creado esas nuevas formas; los ya mencionados Hogares de Tránsito, los Hogares Escuelas, la Ciudad Infantil. ¿Y en lo que se refiere a la ayuda médica? Su exquisito espíritu femenino también ha actuado en esto con singular sentido”.

Algo más que una Profesión:

El sentido de la humanización de las profesiones y por ende de los profesionales es un punto a desarrollar en todas las ciencias. Se ha dicho: “Los médicos no vemos en el enfermo sino a tal o cual enfermedad, y nos olvidamos que un cardíaco, por ejemplo, no sólo padece de su corazón, sino también de su psiquismo, de su vida espiritual: nos olvidamos que soporta una situación que le afecta no sólo a él, sino a todos los que los rodean, a su familia, a su hogar. En efecto, el hombre al no trabajar, deja de producir; el núcleo social dentro del cual actúa, empieza a perder como factor de producción y, finalmente, queda desprotegido, porque ese hombre no sólo hallase enfermo de un órgano, sino en todos y en su mente, y en su familia, por consiguiente. De donde se sigue que la enfermedad de un individuo es siempre una enfermedad social, y para atenderla suficiente y exhaustivamente, hay que llegar a la sanidad médica integral, esto es, a la sanidad justicialista. En otras palabras, gracias a Perón y a Eva Perón, la personalidad del enfermo es ahora abordada íntegramente, no como antes, a través de la noción clínica, sino a través de un hecho humano y social”.

Esto significó la humanización de la asistencia médica, la humanización del hogar-escuela, la humanización de la enseñanza y la humanización del hospital.

El Dr. Ramón Carrillo también expresó: “Tenemos que ir al hospital-hogar, donde el enfermo que ya tiene demasiada desgracia con estar enfermo, no tenga la desgracia de encontrarse en un ambiente hostil, de paredes blancas, de malos olores, sino en un ambiente que sea verdaderamente atenuador de su desgracia. Por ello, ahora la construcción de nuevos hospitales se encara con un nuevo sentido: el sentido de los sentimientos de los enfermos que han llegado para ser tratados técnicamente, pero que deben encontrarse en un ambiente que los ayude a curarse. Los médicos, generalmente, somos demasiados técnicos. Nos olvidamos de ese detalle y es que los médicos no podemos tener el corazón de una mujer. Eso solamente las mujeres pueden poseerlo. Yo puedo decir que la mesa y la sala de operaciones están todas previstas para comodidad del cirujano. Muy pocos se preocupan de la enorme incomodidad que supone para el enfermo. Los médicos siempre nos olvidamos del que va a sufrir la operación. Es claro que esto es un producto de nuestra formación técnica. En cambio, la señora de Perón pone en juego otra cosa que los técnicos no podemos ver: el sentido humano, el aspecto sensible, el aspecto sentimental de todos los hechos que rodean al problema de la enfermedad”.

Así se crearon los hogares de ancianos dando forma a la medicina constructiva, aquella que tiende a desarrollar física y espiritualmente la salud, desde la infancia. La primera forma de medicina constructiva fue la creación de los Campeonatos Infantiles Evita, hecho que tiene en nuestros días una trascendencia inusitada inclusive para los médicos que saben observar.

A través de la vocación futbolística de los niños, de su afición por el deporte, Eva Perón nos permitió, por ejemplo, hacer el examen clínico, radiológico y odontológico de 500.000 niños. Esto logró que los que estaban en aptas condiciones, practiquen un deporte noblemente realizado, controlado. El deporte en los niños es fundamental porque les enseña a trabajar en equipo, a asumir responsabilidades y también a afrontar adversidades.

Los Campeonatos Evita fueron muy importantes en nuestra Patria porque entre otros beneficios, posibilitaron el control médico, el desarrollo de la personalidad del niño orientado a la formación de un argentino caballeresco, la gestación de estrellas deportivas y la llegada de los humildes al deporte nacional con proyección internacional.

Estas experiencias llevan a la práctica la afirmación del Dr. Ramón Carrillo cuando dijo: “El ser humano es un ser de libertad y en su espíritu la encuentra. Pero es también un ser social, y se debe a la sociedad”. La salud y el deporte también nos hacen libres.

Muy importante es recordar que la sanidad encierra una técnica cuyo fin es la protección y el restablecimiento biológico de los seres vivos. En síntesis, es como decía el Dr. Ramón Carrillo: “La sanidad es la ciencia y técnica de la salud”. Es ciencia porque siempre tiene un conjunto de doctrinas que la sustentan y una variable de primeros principios que se armonizan gracias a la coherencia. En cuanto a la técnica, la sanidad es acción más que declamación.

Hecha esta mención, resta acotar el sentido de la sanidad justicialista, que conforme el Titular de la Cátedra de Higiene y Medicina Social de la Facultad de Medicina, el Dr. Ramón Carrillo, “posee cinco objetivos fundamentales: 1) proteger al hombre contra los agentes biológicos, físicos y químicos que tienden a producir su destrucción; 2) luchar contra los agentes biológicos; 3) luchar contra los agentes sociales; 4) prolongar la vida; y 5) asegurar el bienestar y la felicidad de los individuos y, por ende, de la colectividad”.

La salud, así entendida, es la antesala de la felicidad y del buen ánimo para enfrentar aquello que nos depara la vida.

Se debe, aún en nuestros días, rememorar el sentido de la sanidad justicialista, porque hoy más que nunca, no se debe separar la integridad de la felicidad del ser. La sanidad en una corriente del justicialismo. Podemos todavía reivindicar la lucha justicialista pero con verdadero sentido humano y social, dentro del marco de una sincera humildad.

Muchos profesionales deberían leer -sin soberbia y con ganas de llevar a la práctica- lo que ha escrito el Dr. Ramón Carrillo, para golpearse el corazón y despertar del egoísmo por querer ser más para sí que para los demás.

Hoy muchos fracasados profesionales incursionan en la política para salir del paso y del pozo, así dice mi padre y así lo compruebo diariamente. La política no es una solución a los problemas de índole económico-financieros, muy por el contrario, es la búsqueda de la solución a los problemas del País, en todas sus dimensiones.

No debiera haber un lugar en la política para profesionales sin vocación humana y social, ni para los que sin valor se guarecen tras un título habilitante.

El eximio Profesor, en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Médicas en oportunidad de inaugurar las “Primeras Jornadas Argentinas de Higiene y Medicina Social” decía: “Ha llegado la hora de que el médico abandone su actitud pasiva frente al continuo fluir de las aguas, como si el solo hecho de ignorar el rumoreo del torrente social bastara para desviarlo de su cauce, pues como lo dijimos en alguna oportunidad, sólo variando su orientación conseguirá el médico su medida exacta, su medida social, que lo habrá de elevar, en la escala jerárquica de los seres, hacia aquellos dominantes peldaños que se pierden en el azulado confín de la eternidad”.

Creo oportuno, una vez más, dejar sentada la base para que se apoye la obra de reivindicación de los exponentes científicos que realmente hicieron algo por la Patria y que no acostumbramos a diario honrar.

Transcribimos también una sana esperanza nacida del corazón generoso del Dr. Ramón Carrillo y relacionada con la ciencia: “Ojalá triunfe el pensamiento de Perón. Que un gramo de materia baste para dar energía total al mundo, y no que un gramo da materia destruya el mundo. Pasteur, gran biólogo, gran luchador contra las enfermedades del género humano, concluye uno de sus escritos memorables con esta frase digna de Goethe: “Los pueblos sólo viven y perduran a través de las edades, por sólo el genio de sólo uno de sus hijos”.

“Y es verdad. Porque sólo un genio puede interpretar al pueblo y entonces el pueblo se ve reflejado en él, y lo sigue”.

El Dr. Ramón Carrillo, es del minúsculo grupo de personas que siendo idóneo profesional del arte de curar, con poder y dentro del poder no cambió, no se hizo comerciante, ni político, porque entendió que la Salud y la Educación son los pilares sobre los que se sustentan tanto la vida como la prosperidad de un País. Como yapa, ofreció su vocación al Pueblo.

Fuentes consultadas:

“La política” por Aristóteles.

“Constitución de 1949” por José Carlos Corbatta.

“Conferencia pronunciada por el Dr. Ramón Carrillo en las Primeras Jornadas Argentinas de Higiene y Medicina Social”, 14/11/50.

“Conferencia pronunciada por el Dr. Ramón Carrillo en la Universidad del Litoral”, 31/07/51.